No hace falta que el cuerpo esté en forma para empezar. Hace falta que esté dispuesto.
Las clases de nivel suave están diseñadas para moverse sin apuro, con atención en cada zona del cuerpo y sin exigir más de lo que cada día permite. No son clases fáciles en el sentido de que no requieren nada: requieren presencia. Pero el ritmo es amable y el margen para escuchar lo que el cuerpo necesita es amplio.
El eje que ordena el movimiento.
La herramienta principal de esta práctica.
El factor que hace que todo lo demás funcione.
Son ideales para quienes empiezan, para quienes vuelven después de un tiempo sin práctica, para los días en que el cuerpo pide menos esfuerzo y más escucha, y para quienes simplemente quieren una práctica que no compita con el resto del día sino que lo complemente.
Repetir la misma clase varios días seguidos no es estancarse. Es profundizar. Cuando el cuerpo ya conoce la secuencia, la atención queda libre para ir a lugares a los que la primera vez no llegó.
¿Tienes una cuenta?